
En pleno siglo XXI, muchas personas que han sido víctimas de violencia psicológica siguen encontrándose con una justicia lenta, insensible y a veces completamente inoperante. Esta es la historia de Elena, una mujer de Lloret de Mar que, tras liberarse de una relación marcada por el maltrato, sigue atrapada por un sistema que no le ofrece soluciones ni protección real. Hoy en las Cartas al Director de Lloret Gaceta, recibimos esta carta de una vecina impotente.
Me llamo Elena P.C…

…les voy a contar mi historia y denunciar públicamente la falta de apoyo y justicia que he sufrido desde que decidí poner fin a una relación de 28 años marcada por los malos tratos psicológicos. El 14 de abril de 2021 tomé la decisión de marcharme de casa (vivienda situada en Lloret de Mar), con lo puesto. Dejé allí todos los recuerdos, los enseres de toda una vida. Al día siguiente, él cambió las cerraduras para impedirme volver a recoger nada. Incluso me quitó el número de teléfono que había usado durante más de 20 años
Durante meses, me amenazó por cada rincón, hasta en mi lugar de trabajo hasta que, tras denunciarlo, le impusieron una orden de alejamiento que duró dos años. Pero ni con eso se detuvo. Yo, mientras tanto, me refugié en un apartamento alquilado a unos antiguos clientes, con una renta baja al principio, pero que ahora se ha elevado a 600€, una cantidad imposible de asumir con mi pensión
Mi ex pareja se ha negado a firmar los papeles para cambiar de nombre los suministros del hogar, por lo que llevo cuatro años pagando el agua y el seguro de una casa en la que no vivo. Tampoco ha querido firmar para venderla. Fui al Ayuntamiento de Lloret para intentar dar de baja el agua, pero me lo denegaron por ser copropietaria. Fui a la Policía Local y a los Mossos para que me acompañaran a recoger mis pertenencias y mi coche, y también me lo negaron.
Pedí ayuda a la Asociación de Mujeres Maltratadas, pero como tengo el 50% de una vivienda (aunque no viva en ella ni pueda acceder), me dijeron que no me podían ayudar. Mientras tanto, mi ex ha alquilado habitaciones en nuestra casa, ha empadronado a personas sin mi consentimiento, y ha cobrado por ello. Y la justicia no ha hecho nada.
El 14 de febrero de 2025 se dictó la sentencia de separación. La jueza determinó que ninguno de los dos puede vivir en la casa y que esta debe salir a subasta. En cuanto a todo lo que he pagado durante estos años y a los bienes personales que perdí, se limita a decir que eso se debe resolver en otro procedimiento… ¿Otros cuatro años de espera?
La realidad es que no he podido recuperar ni mis cosas, ni mis recuerdos, ni tan solo algo tan personal como pueden ser mis fotos familiares. Después de 47 años viviendo en Lloret, me he tenido que ir a un pueblo a 80 kilómetros, lejos de mis hijos y nietos, y compartir piso con una sobrina para poder permitírmelo. ¿Esta es la justicia de este país? Cuando más la necesitas, lo único que recibes es una puerta cerrada en la cara.
O sea que de momento ni puedo recuperar lo que he pagado, ni puedo dejar de pagar el agua, ni puedo recuperar mis cosas. No tengo ni recuerdos de mis abuelos ni fotos de mis hijos cuando eran pequeños NADA!
Por último, quiero agradecer este humilde espacio de Lloret Gaceta, donde personas como yo, como tú… podemos compartir nuestras vivencias, desahogarnos y, sobre todo, ser escuchadas. En momentos en los que la justicia parece no vernos, contar con un medio que da voz a las realidades silenciadas es un verdadero acto de humanidad.
“Gracias por permitirnos exponer no solo nuestras circunstancias, sino también nuestros sentimientos”.